domingo, 28 de febrero de 2010

Sinsentido Común

Es un Lunes en el metro o un suspiro que se desliza desde tus fosas nasales para posarse sobre la cuidadosamente doblada fotografía del amante. El suicidio silencioso de todos tus sueños. La incoherencia de ser infiel a tu esposo con otro.

Otro que es él, que siempre será él, tu esposo.

Más joven, enérgico, detallista, conservado intacto en esa Polaroid maltratada por los años. Sus palabras construían un futuro basado en la idea de que vuestro amor era eterno. Un sarcófago adornado con rosas, que vistas desde dentro se te antojan burlonas. Paladeabas el inicio de la tragedia, fingiendo olvidar el capítulo venidero, entregándote a un amor caduco.
En un arrebato de lucidez, pones tu mano sobre la suya para impedir que os encerraseis con llave en ese infierno. Él la retira, la acerca a su boca y humedece tus nudillos, arrastra sus labios por tu corazón. Lo último que ves antes de que selle la puerta es su sonrisa, el brillo de sus ojos. El reflejo de una mujer madura que se conmueve ante tanto amor.

Y aquí estás tú, camino a la oficina. Rasgado el amante, sus fragmentos esperan en un frío escalón de Taganskaya , esperando a ser recogidos.

Katerina, joven estudiante que pasa más tiempo en el metro moscovita que con sus atareados padres, decide atender su súplica. El rostro de Antosha le parece mucho más bello con esa grieta que marca la perfecta simetría de éste. Rota por el color de sus ojos. Gris, azul, verde a la izquierda. Marrón, amarillo, púrpura a la derecha.

El diestro muestra el reflejo de una mujer sonriente, con las ventanas del alma cerradas.

El izquierdo, a la misma, vuelta de espaldas, en Taganskaya, dejando sus lágrimas y el recuerdo fragmentado de su marido detrás.

Le resulta extraño conservar el punto de inflexión de una vida bailando en su bolsillo. Pero debe ir a clase de piano, y llega tarde para no variar.

Ya en la cama, pega con cinta adhesiva los trozos de Jean Pierre (así llama a Antosha) y lo guarda
en una caja de caramelos, vacía hace tiempo, de gran valor sentimental y decorativo. A él le pedirá razones de su insatisfacción vital 30 años después.

A ti, juventud. A ti, amor. A ti, sinsentido común, intemporal, de quién nadie escapa.