domingo, 11 de abril de 2010

Otros abrazos

Los que deseamos, ansiamos, recreamos una y otra vez en nuestra cabeza. Aquellos que viven en un limbo de posibilidades poco probables.
Ése que esperamos que venga en mitad de una fuerte discusión entre amigos, acompañado de un “da igual”. Fundiendo orgullo con orgullo, dejando ver que no somos tan duros, y a veces todo lo que necesitamos es una muestra de cariño.

Ése que intenta articular todas las palabras de apoyo que no conocemos. Primario instinto que reconforta a ambos, no importa si le conocemos desde hace años o horas. Que engarrota los brazos de impotencia y araña tus entrañas. Que sin embargo, como el anterior, se ve ahogado por las intenciones de terceras personas, por un temor a no ser correspondido y hacer el más espantoso de los ridículos. Una verdadera lástima, porque mostrar que tenemos sentimientos y necesitamos demostrarlos no es colocarse por debajo de nadie, es recordar que somos humanos.

Tampoco debemos olvidar el abrazo que va antes del beso, en el que ambos durante segundos saben qué va a continuación, pero alargan la espera recreándose en un dulce abrazo. Estos abrazos comienzan a estar en peligro de extinción. Vivimos en una sociedad en el que todo se tiene rápido y YA. En la que podemos ver sexo explícito bajo un edredón a la hora de comer, batiendo récords de audiencia.

Dónde no se insinúa, se muestra todo.

Por eso mismo, me sorprendió la lentitud de dos adolescentes británicos el pasado verano. Estábamos un grupo de amigos en el sofá de enfrente de ellos y ajenos a la cantidad de gente que les rodeaba, comenzaron a abrazarse. El chico le acariciaba como si no hubiera nada en el mundo más importante que ella. Comenzaron a besarse casi a cámara lenta, ralentizando el tiempo a su alrededor. Fue el beso más bonito que he visto en mi vida, porque vi verdadero amor en él. O quizás fue autosugestión, o ellos unos grandes farsantes. La importante de él es que sé que veré pocos iguales, si cada vez las relaciones son más superficiales. Si los “para siempre” duran un mes. Si tu pareja vale por lo “mazo buena que está, tío”.

Deberíamos comenzar a valorar la lentitud, el saber esperar, el no tener miedo a demostrar lo que uno siente, o hacia quién lo siente. Al fin y al cabo, el tiempo que estamos en este mundo es finito, pero esperar no es una forma de malgastarlo, sino de invertirlo.

1 comentario:

  1. Me encanto demasiado las perfectas palabras con que describis algo que es tan cotidiano y nadie se para a observarlo, eso de querer todo tan inmediato es ya algo casi normal, y el esperar que todo fluya y valorar ese hermoso tiempo, eso es algo anormal, o mejor dicho las personas que pensamos asi (me incluyo).

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